martes 30 de diciembre de 2008

Cuando el agua nos tapa

Un poco más de los mediados de los `90, se acercaban las elecciones (una más de tantas) y los, mejor dicho las postuladas más famosas de ese entonces eran la Señora Chiche Duhalde y su contrincante Graciela Fernandez Meijide.

Era obvio que el esposo gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Eduardo Duhalde, impulsara la ¿rectificación? del arroyo que pasa a casi 100 metros de casa.


Mi terreno, es la última propiedad legal de mi lado en la cuadra donde vivo, el resto se supone que es espacio público destinado a recreación, plazas, árboles y otros. Alrededor de todo arroyo bonaerense argentino se generan villas de emergencia donde se agrupan gente carenciada, delincuentes, mafias y otros también, un buen lugar para que los políticos hagan de las suyas con sus “planes sociales” comprando almas y voluntades a diestra y siniestra.


La Corriente del Niño se anunciaba hacía un año en cualquier medio, especialmente televisivo, pero el período electoral es el que manda y los dictámenes de la naturaleza no interesan. Era imposible detener aquello que venía bajando hacia nuestro territorio porque a la madre tierra nadie puede contradecirla, las obras fueron impulsadas.


Cuando se hace una modificación del planeta, cabe que en cualquier cabeza coherente hacer un estudio ambiental antes de iniciar cualquier obra. No se puede o no se debe modificar el suelo a menos que se sepa cuales son los beneficios y consecuencias de tal acto, pero “La Chiche” tenía que salir electa. Es común que en momentos electorales los políticos demuestren al pueblo que sirven de algo especialmente cuando es la esposa de uno de éstos y más, si uno de éstos, el gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Las obras habían empezado.


No tengo idea alguna de arquitecturas hídricas pero en mi imaginación, siempre voló la posibilidad de que se debe empezar por donde desemboca el curso de agua e ir subiendo hacia el principio del mismo, entonces uno va ensanchando, aliviando a medida que se construye. También en mi cabeza vuela lo de profundizar porque una vez instalado el hormigón, la tierra ya no serviría de método de absorción, lo que significa que toda el agua que no filtre en el suelo llenará el nuevo arroyo. Lo otro que siempre volaba mi quijotera era que lo correcto es entubar todo curso de líquido capás de convertirse en un foco de mugre e infección para el vecindario y de paso algo tan simple sirve para no acumular viviendas precarias a lo bordes con probabilidad de ser un criadero de pestes y enfermedades; pero solo es mi pensamiento, nada más.


Como corresponde, cortaron toooodo el arroyo de principio a fin, lo dividieron en sectores, quitaron tierra, movieron tierra y nos demostraron a los descreídos que el partido del general hace algo por el pueblo. Una vez se inundó el barrio y la gente perdió todo años atrás, podrían haber esperado un año más, ¿para qué tanta desesperación?

Si siempre fue de tierra, que sea de lo mismo un año más no nos afectaba en absoluto, pero “La Chiche” debía salir electa.

En esos tiempos, ser poseedor de un teléfono celular era solo para empresas o gente muy pudiente. Apenas recibí el llamado de mi esposa al celular que me prestaban en el trabajo, contándome que llegada a casa se encontró con agua hasta las rodillas empapando libros, mojando equipos e instrumentos, arruinando el hogar... volví desesperadamente. Cuando llegué me encontré con que los perros para salvarse subieron a la mesa de la cocina, el vecino que vivía al lado ayudó a Marisa a cargar la heladera sobre la mesada, un desastre.


Cargamos todo lo que pudimos sobre el Citroen 3CV, perros incluidos y nos dirigimos a casa de un amigo que vivía en Pablo Podestá. Salvamos instrumentos, algo de ropa, los documentos de la casa y dejamos todo lo que cupo allí.

Cuando volvimos nos encontramos con nada. Todo arruinado, todo arrasado, el agua había subido y destrozó absolutamente todo. Esa noche dormimos en el Citroen. La obra no estaba finalizada.

No habían pasado 20 días, estando en los depósitos de WalMart recibo la llamada fatal de mi esposa otra vez comunicándome que el arroyo estaba a punto de desbordar, ¿podría decir que tuvimos suerte de que al menos esta vez había alguien en casa?

Terminé lo más rápido posible con el cliente y crucé la Provincia desde Ruta 24 y Acceso Oeste hasta mi barrio Adolfo Sourdeaux, más o menos 30 kilómetros.

La provincia se inundaba cada vez peor y metí el camión por diversas calles anegadas donde el agua me mojaba los pies sentado en la cabina. Los vehículos diesel no tienen problema alguno con las zonas inundadas a menos que les entre líquido por la toma de aire, pero como los camiones tiene la toma de aire muy arriba y a la vez no dependen de electricidad para funcionar, entonces crucé José C. Paz como pude y por donde pude.

No recuerdo cuanto tardé, sé que fue mucho y todo ese tiempo me parecía de eternos segundos. Llegué a casa, cargamos los perros en el furgón del camión y aquello que pudo salvarse de lo poco que había quedado de la inundación anterior.
Todavía no entiendo como terminé por la ruta Panamericana, creo que fue escapando del agua porque no había lugar por donde ir, luego volví a cruzar hacia el oeste y otra vez dejamos lo menos que teníamos en la casa de mi amigo Raul. Esta vez sí que no nos había quedado nada.

Volvimos a casa y otra vez dormimos en el Citroen, no nos quedó cama alguna, sábanas, frazadas, ropa, agua potable, comida... los instrumentos todavía no los había retirado de lo de mis amigos. Entre inundación e inundación, las paredes chorreaban agua podrida, mugre, alimañas, mierda. Recuerdo que en un momento Cachita se desesperó y trató de volver a casa cuando nos íbamos y tuve que rescatarla porque el agua la estaba arrastrando y que los habitantes de la villa se divertían en medio de toda esa mugre. Claro, una vez pasada el agua a ellos les dieron colchones, chapas, comida, dinero... a nosotros no. Ser propietario es un crimen cuando hay gobierno peronista no importa cuanto pierdas. Ellos volvieron a dormir en camas y nosotros sobre unas tablas sostenidas por unos ladrillos. Por supuesto, pago los impuestos y mi sufrimiento es para aliviar al verdadero pueblo.


El fin justifica los medios!!!

Menos mal que “La Chiche” perdió esas elecciones...