martes 13 de enero de 2009

De amor de locura y de muerte - parte 1 (como Horacio pero distinto)

El amor el amor... nos llega a todos y se nos va a todos o no.
Los perros crecen y tienden a enamorarse de sus vecinitas. Un perro supuestamente no trepa paredes, no piensa, no se las ingenia, no nada.
¿Será cierto?
Yo no lo creo así.
El perro tiene sus intereses de perro, no pretenderán que los chuchos se dediquen a tocar guitarra o cello, no? No tienen extremidades para esas tareas.

La diferencia entre nosotros y los animales es que ellos traen herramientas incorporadas y nosotros traemos manos creadoras de herramientas. Al tener lo necesario para vivir no necesitan crear cuchillos, tenedores, cucharas, palas mecánicas, trenes, aviones...
Si un perro en estado salvaje quiere comer, se junta con otros y cazan. Tienen buena carrera, son unidos, incansables, dientes y mandíbulas poderosas, instinto... y como no son argentinos, no pierden el tiempo hablando!!! (ya sé, chiste de mal gusto pero quería ponerlo). Si un humano en estado salvaje quiere comer, más le vale que aprenda a afilar un palo porque puede pasar en un segundo de comensal a almuerzo.

Siempre me reí de aquellos que les hablan en varias lenguas a los pichichos, los chuchos no hablan idiomas, ellos están más allá del lenguaje, hablan con el corazón.
Recuerdo que una vez hice un trabajo en una casa y la dueña le hablaba a su mascota en lengua hebrea, cuando se fue, quedó la perrita con mi amigo y yo. Mi compañero me dijo que la bichita entendía lo que su dueña le decía, yo como siempre, le dije que no, que también a mí me iba a hacer caso, que ellos entienden el lenguaje del corazón. Entonces miré a la gordita cuadrúpeda, ella me miró y golpeándome el costado de la pierna derecha con la palma de la mano chisté al mismo tiempo.

- cht cht cht! - la chuchita dudó pero comprendió.
- cht cht cht! - entendió que no soy el dueño pero miró mi corazón y al no ver agresión movió el rabo.
- cht cht cht! - Se me tiró encima y me lleno la cara de besos.

Mi amigo no entendía nada.

- ...pero, si está entrenada para comprender solo a los dueños!!! -
- Mentira, son solo estupideces que nos creemos los tontos de los humanos, ellos hablan con el corazón! - le respondí alegremente con toda la cara mojada.

En síntesis, cuando le hablamos a un animal, lo hacemos para comprender y afirmar a nosotros mismos lo que estamos diciendo, no para que el animal entienda. Es solo un modo de entender el mensaje codificado del corazón, al chucho le da lo mismo no importa como lo llames sino como lo expreses.


El vecino de enfrente, tenía una niñita cuadrupeda que - cuando no! - Oso miraba desde hacía tiempo. Siempre observé que cada vez que reparaba el alambrado que los tres destruían, el macho de la casa aprendía cómo lo arreglaba. Cachita y Rocky en lo propio, pero Oso era cantado que estaba a mi lado cada vez que hacía un trabajo. Con la tenaza cortaba, unía y modificaba el alambre y él miraba. Al tiempo, lo veía mordisquear los hilos. Claro, el truco consistía en cortar uno e ir metiendo la cabeza hasta pasar el cuerpo. El perro buscando el reemplazo de la tenaza!

Los chuchos son muy organizados, recuerdo bien que siempre que dos dormían dentro, uno hacía la vigilancia. Si Cachita observaba la noche a través del alambre, Oso y Rocky dormían, rotándose constantemente.
- Hoy te toca el cuidado de la casa a vos! -
Como siempre, según el ladrido, los refuerzos aparecían al instante. Los perros tienen una organización envidiable.

Cuando la vecinita entró en celos, nuestro querido Oso hizo un boquete en el alambre. No tengo idea cuando fabricó la salida, no me pidan que sepa como descubrió y fabricó entradas.

- Oooooso! - y el perro no respondía.

Claro, Fabián, el vecino patrón de la vecinita de Oso, se dio cuenta al poco tiempo que mi querido chucho estaba visitando a su niñita ladradora por el boquete que hizo en el alambrado de su casa. El alambre estaba lindando con la vereda y mi nieto de tenazas en la boca había logrado una entrada.

- Ooooso! - Otra noche el mismo llamado.

En una de tantas, Mario, mi ex-vecino, me dijo "no lo llames, está haciendo hijos".
Nuestro galán no solo visitaba a la chica de enfrente, también a la de la vuelta, la de la otra cuadra, volvía embarrado hasta las orejas... en fin, todo un Casanova.

Fabiań, cansado de que "le empomen la nena", en su afán por capturar al degenerado que visitaba su hogar, había colgado un lazo en el agujero del alambre. Yo no sabía con qué cara saludarlo, pero en el fondo de su conciencia le gustaba que un perro tan sano y guardián sea el amante de su mascota. Osito esquivaba la trampa de todos modos, al amor nada lo detiene. Cansado de ser burlado por un simple perro, puso una chapa tapando la entrada perruna.

No es extraño ver a un gato trepar paredes y árboles, pero a un perro...
Como no me gusta castigar a quien por amor hace tonterías, trabé la puertita de salida de los perros aunque este acto me costase el sueño, pero para al romance no hay barrera. Cerré el almabre, pero el corazón es imparable. No tenía idea como saludar a mi vecino en esos tiempos. Al estar todo vallado, Oso se escapaba haciendo a un lado el pesado secarropas que bloqueaba la salida, saltando a la casa del vecino, saltando a la casa del vecino del vecino, saliendo a la calle, entrando en la quinta de la esquina y otra vez más, saltando los 2 metros de pared de la casa de Fabián para ver a su chica. Que fuerte que es el amor. Ya que mi vecino no sospechaba al creer el asunto zanjado gracias a la chapa milagrosa, el romance fue más intenso.

Oso adelgazó bastante en ese entonces, descansaba y comía de día, desaparecía de noche. Al poco tiempo, empezaron a andar unas cuantas perritas hinchadas que posteriormente dieron a luz unos cachorros marrones de hocico negro muy peludos y de gran carácter. Como a mis perros se les dio fama de asesinos, varios vecinos adoptaron hijos de Oso que por supuesto, poseen el mismo carácter del padre. A la vecina del fondo de casa le vino bien cuando entró un pícaro y se topó con un montón de dientes que mordiéndolo por todos lados lo hizo trepar las paredes en busca de escape. Otros de la cuadra siguiente llevaron la descendencia a distintos hogares donde los cacos fastidian, la ley protectora de delincuentes no sirve y los organismos de derechos humanos nos consideran humanos cuando somos ladrones, violadores, asesinos, terroristas de izquierda... por suerte, todavía existen los perros. Como no entienden de leyes humanas, nivelan la balanza a favor de la gente justa.